Por su parte, el principio de realización – denominado en la NIF para microempresas como “Base contable de acumulación o devengo - establece que el ingreso sólo debe ser reconocido cuando se realiza; es decir, cuando hay plena certeza de que él se va a obtener, mediante el pago en efectivo o por cualquier otro medio equi­valente a un pago. Esto implica que, así no se haya perfeccionado la transferen­cia de la propiedad, el ingreso debe registrarse contablemente cuando los bienes se transfieran y se elabore una factura o documento de cobro equivalente. Puede ocurrir que cuando se per­fecciona la transacción aún no se sepa con certeza si se va a recibir el pago o no, bien porque los productos o servicios puedan ser devueltos o rechazados o porque el cliente, por incapacidad económica o cual­quier otra razón, no atienda la obligación adquirida. Sin embargo, al momento de acordar la venta se debe partir de la premisa de que la operación es lo sufi­cientemente segura como para que sea considerada como un ingreso realizado. El problema de la cobranza corresponde a otra fase del proceso administrativo de las empresas.

Este mismo principio conduce a que el cálculo de las ganancias o pér­didas de una empresa se determine como el resultado neto de los cambios en la participación de los socios o accionistas y no necesariamente por las variaciones que ocurran en la cuenta de efectivo, aunque, even­tualmente, dichas variaciones puedan coincidir. Por ejemplo, si se venden a crédito productos o mercancías por valor de $1.000 y su costo se establece en $600, la compañía registrará una ganancia de $ 400, que es un aumento en la participación de los propietarios, a pesar de que, a la cuenta de caja o bancos, no haya ingresado ningún valor. De la misma manera, el patrimonio de los propietarios podría no verse afectado, a pesar de que haya un movimiento en las cuentas de caja o bancos; tal y como podría ocurrir con la adquisición de créditos en los cuales ingresaría el efectivo correspondiente y, simultáneamente, se registraría un pasivo y aunque el balance se mantiene, no habría utilidad alguna para los socios o accionistas.

Un problema similar a la diferencia entre ingresos y entradas de efectivo se presenta con los gastos y desembolsos de dinero. Los desembolsos son salidas de caja, en tanto que los gastos son disminuciones en la participación de los socios o accionistas, que pueden ir acompañados o no de un desembolso en efectivo. Normalmente, un gasto se clasificará como tal cuando se establezca una relación directa con la renta producida en el período, haya sido efectivamente pagado o no, y se registrará como activo aquella parte que se espere genere beneficios en períodos futuros.

 

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