Las expectativas de los inversionistas que destinan par­te de sus recursos y esfuerzos en actividades producti­vas, a través de la creación de empresas, giran en torno a la consecución de utilidades o ganancias, lo cual, normalmente, se puede obtener de dos maneras : a) como una retribución periódica a título de dividendo o parti­cipación que proviene de las operaciones corrientes de la compañía u organización; y b) como un aumento en el valor aportado para la formación de dicha empresa, es decir, como un enriquecimiento logrado por la valoriza­ción de los activos patrimoniales del ente económico. El estado finan­ciero que reúne y sintetiza los resultados operacionales, producto de las tran­sacciones económicas y de las actividades desarrolladas por la empresa, determinando el valor más importante del ciclo contable, es decir la utilidad o pérdida obtenida en un ejercicio, se llama estado de resultados.

El estado de resultados, también conocido como estado de pérdidas y ganancias o estado de ingresos y egresos, detalla los ingresos por ventas y otras actividades propias del negocio y los costos y gastos de administración, ventas, financieros y otros conceptos, en que se incurre durante un ejercicio comercial, por lo general de un año. La diferencia entre el total de ingresos y el total de costos y gastos durante este período conforma la utilidad o pérdida del ente económico.

Sin embargo, el hecho de que exista un período contable definido por las normas que regulan las actividades comerciales, no impide que las compañías puedan - y en algunos casos deban hacerlo en forma obligatoria - presentar estados financieros intermedios con el objetivo de publicar reportes parciales para socios o accionistas, para la casa matriz o para, como ya se ha mencionado, algunos organismos gubernamentales. Dichos estados financieros intermedios pueden ser semestrales, trimestrales o mensuales. En Colombia, por ejemplo, a las compañías inscritas en el Registro Nacional de Valores se les exige la presen­tación de estados financieros trimestrales y a las entidades del sector financiero, estados mensuales que deben ser enviados a la Superintendencia Bancaria, entidad oficial encargada de su control y vigilancia.

Tal y como ocurre con el estado de situación financiera, la preparación del estado de resultados se rige por algunos de los principios de contabilidad enumerados en el primer capítulo de éste texto, especialmente por los de asociación y realización.

Según el principio de asociación (que, por cierto, no fue incorporado en la NIF para microempresas) debe procurarse que exista una relación directa entre los ingresos registrados en cada período y los costos y gastos incurridos para producirlos. De esta manera, al contabilizar ingresos por ventas, se debe hacer una adecuada asignación de los costos y gastos atribuibles a los activos y a los resultados del período contable, entendiéndose como costos los incurridos directa o indirectamente en la adquisición o producción de un bien y, como gastos, los relacionados con la administración, venta, investigación y financiación.

 

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