De acuerdo con el principio de realización, debe intentarse la cuantifi­cación razonable, en términos mo­netarios, de las contingencias, para darles efecto en los estados financieros. Cuando tal cuantificación no sea posible, la existencia de la contingencia debe di­vulgarse a través de notas sobre los estados financie­ros, para dar cumplimiento al principio de revelación suficiente.

Para efectos de cuantificación, se pueden clasificar las contingencias en los siguientes grupos:

1.  Las de carácter repetitivo, que son susceptibles de medición razonable­mente aproximada en su conjunto, a través de la experiencia o de la probabilidad empírica o estadísticamente establecida de su ocurrencia.

Como ejemplos de estas contingencias se pueden mencionar:

a)  Irrecuperabilidad de cuentas por cobrar.

b)  Obsolescencia y lento movimiento de inventarios.

c)  Garantías de servicio de productos.

d)  Costo probable asignable a cada ejercicio de pla­nes de pensio­nes, jubilaciones, indemnizaciones, primas y otras prestaciones diferidas que se concedan al perso­nal, sujetas al cumplimiento de una condición futura.

e)  Efecto probable, asignable a cada ejercicio, del impuesto sobre la renta cuyo pago se difiere o se anti­cipa en virtud de diferen­cias compensables entre la uti­lidad contable y la renta líquida fiscal.

f)   Otorgamiento de garantías por aval o descuento de documentos por cobrar.

2.  Las de carácter aislado en las que, en un momento dado, existen ele­mentos de juicio, estimación u opinión que permiten medir dentro de límites razonables su re­sultado probable.

Los ejemplos más comunes de este tipo de contingencias son los litigios, recla­maciones de impuestos y otros asuntos de naturaleza semejante, como las de­mandas labo­rales y cuyo resultado probable pueda estimarse razona­blemente.

La anterior clasificación de las contingencias indica claramente que, para cumplir el principio de rea­lización, es indispensable que el resultado de la esti­mación razonable que sobre ellas se ha podido hacer que­de reflejado en los estados financieros cuando da lugar al surgimiento de un costo o de una pérdida. Por otra parte, el criterio de prudencia requiere que normalmente no se reconoz­can activos e ingresos o utilidades contin­gentes, sino que su incorporación en los estados finan­cieros sólo ocurra cuando exista certeza prácticamente absoluta sobre su realización.

Por las razones expuestas, los estados financieros normalmente deben incluir provisiones o estimaciones razonablemente determinadas para contin­gencias cuantifi­cables, como las mencionadas en párrafos anteriores.

Como ejemplos adicionales, pueden señalarse como contingencias no cuantificables, los siguientes:

a) Compromisos de compra o venta a futuro en un mercado fluctuante o inestable.

b) Garantías otorgadas sobre nuevos productos en los que no se tenga experiencia alguna para el cálcu­lo de una estimación apropiada.

c) Requerimientos para el pago adicional de impuestos y san­ciones.

d) Inversiones a largo plazo, como compra de acciones en com­pañías subsidiarias o gastos de investi­gación y desarrollo, cuyo resultado futuro sea aleatorio representando un problema, su correcta valuación en un determinado momento.

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