Cuando se adquiera un bien que haya estado en uso y por lo tanto haya sido total o parcialmente deprecia­do, se continuará depreciándolo en forma prospectiva, teniendo en cuenta la vida útil restante.

El valor de los activos fijos que tienen una vida útil limitada, debe distribuirse como una forma de medir la expiración de éste, mediante el registro sistemático de su depreciación, durante su vida útil o el período estimado en que dichos activos generan ingresos [9.11]. Con tal fin deberá observarse lo siguiente:

a. El costo es la base para la depreciación de activos fijos.

En la NIF para microempresas no se incluyó el concepto de “valor residual” y, por ello, parece recomendable acudir a la NIIF para Pymes en el sentido de que, cuando dicho valor residual sea significati­vo, de la base para la depreciación (costo) se debe restar el valor residual téc­nicamente determinado.

b. La depreciación debe ser determinada por métodos de reconocido valor técnico, tales como el de línea rec­ta, saldos decrecientes o suma de los dígitos de los años. El método seleccionado debe establecer una rela­ción adecuada entre los costos expirados de los bienes y los ingresos corres­pondientes.

c. Los cambios en las estimaciones iniciales del pe­ríodo de vida útil, se deben reconocer mediante la modi­ficación de la alícuota por deprecia­ción en forma pros­pectiva, de acuerdo con la nueva estimación.

Tanto las NIIF plenas (párrafos 31 a 39 de la NIC 17) como la NIIF para Pymes (Párrafo 17.5 de la Modificación introducida en 2015) señalan el siguiente procedimiento para la medición del costo de propiedades, planta y equipo con posterioridad al registro del costo inicial de tales activos, procedimiento éste que vale la pena sea evaluado por la microempresa, sobre todo si se poseen activos fijos cuyo valor pueda variar en montos de alguna importancia, todo ello bajo la autorización incorporada en la frase final del párrafo 2.2 de la NIF para microempresas[1]:

“Con posterioridad a su reconocimiento como activo, un elemento de propiedades, planta y equipo cuyo valor razonable pueda medirse con fiabilidad, se contabilizará por su valor revaluado, que es su valor razonable, en el momento de la revaluación, menos la depreciación acumulada y el importe acumulado de las pérdidas por deterioro de valor que haya sufrido. Las revaluaciones se harán con suficiente regularidad, para asegurar que el importe en libros, en todo momento, no difiera significativamente del que podría determinarse utilizando el valor razonable al final del periodo sobre el que se informa.

La frecuencia de las revaluaciones dependerá de los cambios que experimenten los valores razonables de los elementos de propiedades, planta y equipo que se estén revaluando. Cuando el valor razonable del activo revaluado difiera significativamente de su importe en libros, será necesaria una nueva revaluación. Algunos elementos de propiedades, planta y equipo experimentan cambios significativos y volátiles en su valor razonable, por lo que necesitarán revaluaciones anuales. Tales revaluaciones frecuentes serán innecesarias para elementos de propiedades, planta y equipo con variaciones insignificantes en su valor razonable. Para éstos, pueden ser suficientes revaluaciones hechas cada tres o cinco años.


[1] “Las situaciones en las cuales se utilice una base de medición distinta, están indicadas en este documento. No obstante lo anterior, las microempresas podrán utilizar, de acuerdo con las circunstancias, bases de medición que estén incluidas en las NIIF o en la NIIF para PYMES. Si éste es el caso, la microempresa deberá cumplir todos los requerimientos que implique la nueva base utilizada.”

(Continúa)


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