Las inversiones son instrumentos financieros en los que la microempresa tiene control sobre sus beneficios, con el fin de obtener ingresos financieros. Generalmente corresponden a instrumentos de deuda o patrimonio emitidos por terceros. [6.1]

Por los excesos de liquidez momentánea que pueda tener una empresa, se acos­tumbra su inversión, en forma tempo­ral, con el ánimo de generar alguna clase de rentabili­dad, a cambio de su permanencia como recursos ociosos.

Una microempresa reconocerá las inversiones cuando cumpla los criterios establecidos en el párrafo 2.19 [6.2], es decir, cuando (a) sea probable que cualquier beneficio económico futuro asociado con la partida entre o salga de la microempresa; y (b) la partida tenga un costo o valor que pueda ser medido con fiabilidad.

Las inversiones se contabilizan por su costo histórico [6.3] de adquisición que, en este caso, equivale al valor razonable;

El costo histórico de adquisición incluye las su­mas necesarias en que se incurre para adelantar la ope­ración de compra de la inversión.

El costo histórico es el que representa el monto original consumido u obtenido en efectivo, o en su equivalente: en el momento de realización de un hecho económico. El costo histórico está representado, en la mayoría de los casos, por el valor pagado más todos los costos y gastos directamente incurridos para colocar un activo en condiciones de utilización o venta. [6.4]

Acogiendo la excepciones de los numerales 2.2 y 3.1 de la norma para microempresas relacionadas con la utilización de bases diferentes al costo histórico que estén aceptadas en las NIIF plenas o en la NIIF para Pymes, se recomienda que las demás inversiones, tales como bonos, cédu­las y certificados de depósito a término (CDT) entre otros, se registren por su valor nominal y la diferencia —en caso de presentarse— entre éste último y el costo de adquisición se contabilice en una cuenta auxiliar complementaria, denominada "descuento por amortizar" o "prima por amortizar", causando, de manera simultánea, el respectivo ingreso.

De la misma manera, cuando se po­sean inversiones en subordinadas, respecto de las cuales se tenga el poder de disponer la transferencia de utili­dades, deben contabilizarse emplean­do el método de participación.

Por último, siguiendo el mismo método permitido en los párrafos 2.2 y 3.1 de la NIF para microempresas, si el valor de mercado o de realización de las inversiones es inferior al cos­to histórico de adquisición deberá afectarse la respectiva cuenta de deterioro del valor con cargo a los resul­tados del ejercicio. Es recomendable, disponer de una cuenta para el registro del deterioro de las inversiones, dividiéndola en sub-cuentas para el corto y largo plazo y asignando, dentro de cada una de ellas, cuentas auxiliares para cada tipo de inversión.

La norma distingue entre inversiones corrientes y no corrientes, entendiendo por corrientes aquellas inversiones que representan valores negociables, es decir que cotizan en bolsas de valores o son operados a través del sistema financiero y que pueden ser convertidos en dinero en el corto plazo, normalmente dentro de los doce meses siguientes a la fecha de publicación del respectivo balance. Todas las demás son inversiones no corrientes. [6.6]

Si a la fecha del balance existieren rendimientos financieros causados pero no cobrados, se registrarán como una cuenta por cobrar y, como contra­par­tida, se debe contabilizar un crédito en la corres­pondiente cuenta de ingreso, de acuerdo con la tasa pactada en el instrumento, causada de manera lineal durante el tiempo en que se mantenga la inversión. [6.5]

Finalmente, una microempresa revelará: (a) El valor en libros de las inversiones y (b) Los dividendos y otras distribuciones reconocidas como ingresos en el periodo. [6.7]


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