Por definición, son considerados activos corrientes el efectivo y todas aquellas otras cuentas que se espera se conviertan, a su vez, en efectivo o que se hayan de con­sumir durante el ciclo normal de operaciones.

Aquí vale la pena recalcar que, al hablar de "ciclo de operacio­nes", que es el tiempo promedio de retorno del efectivo invertido en inventarios —después de su venta como pro­ducto terminado, transformación en una cuenta por cobrar y posterior recaudo— no necesariamente deberá enten­derse períodos de un año o menos. Habrá sectores y em­presas en las cuales el ciclo de operación puede ser mayor a un año, y no por ello algunos de sus activos, como por ejemplo inventarios, habrán de ser excluidos del activo corriente, Esto quiere decir que, si el ciclo normal de operaciones es mayor de un año, se considerará la duración del ciclo como base para la clasificación como activo corriente o no corriente.

Así mismo, debe tenerse en cuenta que el Decreto 2706 en los capítulos 6 a 9 que trata de las diferentes clases de activos en ninguna parte menciona el concepto de gas­tos pagados por anticipado, tales como intereses, seguros y mantenimiento de equipos, en­tre otros, como componente del activo corriente; así como tampoco lo hace con la partida de cargos diferidos como útiles y papelería, lo que im­plicaría que los pagos o desembolsos que se realicen por los anteriores conceptos, y otros similares, deben ser llevados directamente a cuentas del estado de resultados.

De acuerdo a la defini­ción de activos corrientes, las partidas que lo integran son el efectivo y otros activos líquidos equivalentes, las inversiones tempora­les o de pron­ta realización, los deudores comerciales y no comerciales y las existencias o inventarios.

 

 


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