De acuerdo a principios y normas internacionales de contabilidad uno de los estados financieros básicos es el Estado de Flujos de Efectivo, también denominado Estado de Cambios en la Situación Financiera (el cual, a su vez, puede presentarse en dos versiones: con base en el capital de trabajo o con base en el efectivo y sus equivalentes), Estado de Variaciones en la Posición Financiera (en las mismas dos versiones) o Estado de Fuentes (u orígenes) y Usos (o aplicaciones), cuya presentación se hace de una manera similar a un Balance, en el cuál la suma de las fuentes u orígenes es igual a la suma de las aplicaciones o usos.

Dicho estado financiero, puede ser elaborado bajo cualquiera de dos procedimientos aceptados: método directo y método indirecto, pero en ambos casos, las actividades desarrolladas por la empresa deben ser clasificadas en tres categorías: operación, inversión y financiación. La diferencia entre los dos métodos radica en que, en el primero de ellos, los tres flujos deben ser presentados como cambios brutos, en tanto que en el método indirecto, el flujo de actividades de operación parte de una conciliación de la utilidad o pérdida del ejercicio, con el propósito de eliminar aquellas partidas que no representen entrada o salida de efectivo, pero que hayan afectado los resultados por su causación, y finaliza agregando los cambios netos en activos y pasivos operacionales tomados, éstos cambios, del estado de situación o balance general.

Sin embargo, la posibilidad de elegir entre uno y otro método, pero bajo la premisa de tener que obtener resultados idénticos para las actividades de operación, genera una serie de problemas e inconsistencias que hacen de éste importante instrumento de decisiones financieras, sólo un informe de cumplimiento legal y no un elemento de análisis que suministre datos relevantes para identificar la forma como un ente económico obtiene sus recursos líquidos y la manera como los utiliza.

Los problemas más relevantes que presenta el Estado de Flujos de Efectivo, en su tradicional formato, son los siguientes:

1. No es clara la diferenciación entre actividades de operación y otras actividades, pues fácilmente se involucran entre aquellas, transacciones tales como rendimientos financieros recibidos e intereses pagados, aún si la actividad desarrollada por la empresa que elabora el informe pertenece a un sector diferente al de intermediación financiera;

2. En los países en los cuales se calcula y registra contablemente un sistema integral de ajustes por inflación pueden presentarse serias dificultades, pues dicho ajuste debería ser depurado de todas las cuentas no monetarias que hayan sido afectadas;

3. No existe una clara diferenciación entre cambios brutos y cambios netos, pudiéndose utilizar indistintamente unos u otros e, inclusive, una mezcla de ellos;

4. No están bien definidas las diversas actividades que conforman cada una de las tres categorías que exige el informe y, en consecuencia, lo que para algunas personas puede ser actividad de inversión, para otras puede ser de financiación o de operación, o cualquier otra posibilidad de clasificación.

FLUJO DE CAJA LIBRE

Por lo tanto, para propósitos de administración financiera, se pueden introducir algunas modificaciones al estado de flujos de efec­tivo y obtener resultados más acordes con la función de análisis respecto a las posibilidades reales de crecimiento interno provenientes de la propia actividad de la com­pañía.

Al efecto, las transacciones de efectivo realizadas por el ente eco­nómico se descomponen en “flujo de caja operacional” y “flujo de caja no operacional” y “variacio­nes en el capital de trabajo”. La suma de éstos tres flujos arroja los totales conocidos bajo las denominaciones de “flujo de caja libre” y “flujo de caja libre disponible para los inversionistas”.

 

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