Toda empresa, sin importar su tamaño, que efectúe transacciones con el exterior a título de importacio­nes, préstamos en moneda extranjera o exportaciones, enfrenta un riesgo implícito en el proceso administrativo del manejo de diferentes tasas de cambio, las cuales son afectadas permanentemente por fluctuaciones, siempre impredecibles. Dichas variaciones, más conocidas en nuestro medio bajo el nombre de "diferencia en cambio", según costumbre contable de vieja data, se registran con cargo a resultados del ejercicio de acuerdo a la tasa de cambio oficial al cierre de cada período. Esta práctica, aunque útil para propósitos contables y tributarios (la diferencia en cambio es deducible), no permite conocer la efectividad de una estrategia de cobertura de riesgo, cosa que sí podría alcanzarse si el registro del activo o pasivo en moneda extranjera se efectuara a la tasa de cambio esperada en el momento de su vencimiento, contabilizando, como contrapartida, un gasto o ingreso diferido, amortizable a medida que se conozcan las tasas reales de cambio. Sin embargo, la necesidad de plantear estratégicamente el riesgo de la tasa de cambio no ha sido percibida en toda su magnitud en nuestro país y de allí la restricción contable planteada, que dificulta el análisis de cualquier gestión en este sentido.

La administración de riesgo cambiario es una técnica que permite identificar la contingencia que existe con relación a la tasa de cambio, y a conocer y emplear opciones de cobertura para neutralizar los riesgos económicos, de transacción y traslación, que son los tres tipos de exposición   reconocidos e, inclusive lograr beneficios en su planificación.

El primer riesgo hace referencia a los compromisos adquiridos por una empresa, en cuanto al aprovi­siona­­mien­to de materias primas esenciales para su actividad, a la apertura o ampliación de mercados externos y, potencialmente, a las actividades de subsidiarias y filiales. Esta clase de riesgo —econó­mico— adquiere mayor dimensión por cuanto los márgenes comerciales o la participación en el mercado pueden verse afectadas por competidores que sí se han cubierto contra el riesgo cambiario, bien efectuando sus transacciones en otra moneda o bien a través de estrategias de cobertura, como se explica más adelante. De la forma como las fluctuaciones de la moneda extranjera, en la cual se realizó el negocio, sean absorbidas dependerá la competitividad de la empresa.

Cuando una negociación se pacta en la moneda del exportador, es evidente que éste traslada el riesgo al importador, quién no puede conocer con certeza el valor que tendrá que pagar al vencimiento del plazo; sin embargo, esta situación, de aparente beneficio para el exportador, puede provocar una reducción de sus ventas futuras —por el encarecimiento del producto en el país de destino—, hecho que, evidente­mente, ocurrirá si en su propio país la moneda se revalúa o si en el país importador se devalúa, teniendo entonces que enfrentar la competencia local o la de otros exportadores de países con monedas más débiles. Igual contingencia corre la empresa que compra, produce y vende en un mercado puramente local si debe competir con una empresa que importa materias primas o productos terminados de un país cuya moneda haya sido devaluada.

El segundo riesgo —de transacción— afecta a las empresas exportadoras de bienes debido a que las fluctuaciones en la tasa de cambio, durante el lapso que transcurre entre la fecha de la operación inicial y la de pago, puede generar pérdidas en la compañía local. Todas las empresas cuya actividad se encuentre directamente relacionada con el comercio exterior estarán expuestas al riesgo de transacción. Por último, el riesgo de traslación, también conocido como "riesgo del balance" que hace referencia a empresas que poseen subsidiarias en el exterior, al resolver el problema de revaluar periódicamente la inversión en el país extranjero, lo cual causa variaciones, tanto en las cuentas de balance como en las de resultados.

Estos riesgos, principalmente el económico y el de transacción, no son plenamente identificados por las empresas exportadoras, especialmente por las compañías nuevas de tamaño mediano o pequeño, y por lo tanto se ven impedidas para emplear las opciones de cobertura de riesgo, hasta tanto superen diversas etapas de conocimiento. Se han identificado cuatro etapas por las que atraviesa normalmente todo comerciante que efectúa transacciones con el exterior.

En la primera, el exportador no conoce los riesgos en el manejo de las tasas de cambio y vive permanen­temente expuesto a sus efectos nocivos. En la segunda etapa, la empresa capta los riesgos inherentes al proceso, entre ellas el conocimiento de las técnicas de cobertura y las aplica sin discriminación, hecho que conlleva a una potencial pérdida de competitividad en el mercado externo. Pero, más adelante, en la tercera etapa, el exportador se protege de una manera más selectiva, de acuerdo a su propia experiencia en el manejo de tasas de cambio, pero corre el riesgo de pérdidas, debido a juicios erróneos en las tendencias de cambio. Y, la última etapa, que se inicia con base en el conocimiento adquirido en la etapa anterior, toma una dirección que señala hacia fines puramente especulativos, lo que significa que a su actividad comercial agrega una función financiera, al manipular las diferentes opciones en la moneda extranjera.

Una vez identificados los riesgos implícitos en el manejo de tasas de cambio, toda compañía se verá en la disyuntiva de elegir entre las siguientes alternativas: arriesgar todo, seleccionar los riesgos o no arriesgar nada. En el primer caso, la empresa enfrenta conscientemente la expectativa de esperar que la moneda de los pagos por recibir se revalúe, en tanto que la moneda de las cuentas por pagar se devalúe, extendiendo tal expectativa hasta el momento del vencimiento de los pagos por recibir o por cobrar.

En la selección de riesgo se opta por una cobertura contra aquellas contingencias de cambio en las cuales las posibilidades de obtener pérdida excedan las ganancias; esta postura requiere poder distinguir la tendencia de fortaleza o debilitamiento, en el tiempo, de las diferentes monedas. Y no arriesgar nada es la posición que adoptan las compañías que, a pesar de haber identificado los riesgos, los rechazan y prefieren descartar la posibilidad de obtener utilidades en la operación de cobertura de cambio de seguridad en los valores recibir. De lo anterior se concluye que únicamente la política de cobertura selectiva permitirá neutralizar o, por lo menos reducir, el costo de los pagos en moneda extranjera, ya que el arriesgar todo o no arriesgar nada, no considera la posibilidad de obtener utilidades o pérdidas en las operaciones con el exterior.

De todas maneras, la implementación de una política de cobertura de riesgo requiere de una estructura administrativa que permita la funcionabilidad de la estrategia elegida, para poder evaluar el éxito alcanzado y para poder determinar el "impacto tolerable", o sea la máxima pérdida probable que por diferencia en cambio puede soportar una compañía, sin cubrirse contra el riesgo.

 

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