Método de línea recta: Es el método de uso más extenso y difundido en el país - entre otras cosas por la facilidad para su aplicación - pues basta dividir el costo del activo entre el número de años estimado como vida útil, para obtener el valor de la depre­ciación anual.

Método de saldos decrecientes: Aunque este sistema de depreciación requiere de un valor de salvamento o recu­peración, práctica que no está contemplada en nuestra legislación fiscal, pero si en la normatividad contable, vale la pena retomar su estudio pues en épocas inflacionarias puede ser significativo el ahorro financiero proveniente de afectar los resultados con cargos altos por concepto de depreciación, en los primeros años de vida útil del activo, en momentos en que es mayor el poder adquisitivo del dinero.

La formulación del método de saldos decrecientes consiste en hallar la raíz enésima del cociente resultante de dividir el valor de salvamento entre el costo de adquisición del activo. El resultado, sustraído de uno (1), será la tasa de depreciación que se aplicará uniformemente al saldo neto en libros del respectivo activo, durante su vida útil.

Nótese qué si el valor del salvamento es igual a cero, la fórmula pierde toda validez.

Mirado desde un enfoque contable, el método de saldos decrecientes busca cargar la mayor fracción de depreciación en el primer año, para ir descen­diendo en cada período hasta el último. Su sustento económico se basa en el principio de que las cargas anuales de depreciación decrecientes, al combinarse con unos crecientes gastos de mantenimiento o con un empleo intensivo del nuevo activo, tienden a nivelar las utilidades anuales, estabilizándolas.

La parte débil del método de saldos decrecientes se encuentra en la fija­ción del valor residual o de salvamento que se requiere para despejar la fórmula, pues en la medida en que sea a voluntad de cada cuál como se elige, el hecho se prestará para su manipulación a conveniencia. Así, si a cambio de $1 se toman diez cen­tavos, se acelera aún más los cargos en los primeros años; si se toma un centavo, prácticamente en cinco años ya estará depreciado el activo. En conclu­sión, entre más cercano a cero esté el valor residual o de salvamento que se tome para calcular la depreciación periódica por el método de saldos decrecientes, más rápidamente se ago­tará su vida útil.

Existe una variación del método de saldos decre­cientes explicado en párrafos anteriores, la cual es acep­tada a nivel internacional al encontrarse regla­mentada por la Junta de Normas de Contabilidad Financiera (Financial Accounting Standars Board FASB) y demás Normas Internacionales de Contabilidad (NIC). Dicha variación es conocida con el nombre de "método doble decreciente" y opera aplicando, como su nombre lo indica, el doble del gasto calculado según el método de línea recta. Este método no requiere de valor de salvamento, por cuanto siempre produce un saldo residual al término de la vida útil del respectivo activo, debiendo ajustarse dicho saldo en el último año. Por ningún motivo, el valor del activo puede depreciarse más allá de su costo de adquisición o del valor de salvamento estimado.

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