Los ingresos no constitutivos de renta pueden definirse como aquellos ingresos que de no existir el tratamiento excepcional de la ley tributaria harían parte de la base gravable, para la determinación del impuesto corres­pondiente. Están conformados por aquellos ingresos provenientes de actividades en las cuales la política económica de un país puede mostrarse especialmente interesada, con el ánimo de estimular o impulsar algún sector productivo o alguna zona geográfica. Hoy día existe una gran variedad de ingresos no constitutivos de renta, entre los cuales cabe citar:

• La prima en colocación de acciones, si se contabiliza como superávit de capital no susceptible de distribuirse como dividendo

• Las utilidades provenientes de la enajenación de acciones de alta bursa­tilidad, realizada a través de una bolsa de valores

• Los dividendos y participaciones distribuidos como no gravables por la sociedad que genera las res­pectivas utilidades

• La distribución de utilidades en acciones o cuotas de interés social o su traslado a la cuenta de capital, producto de la capitalización de la cuenta de revalorización del patrimonio y de la prima en colo­cación de acciones

• Componente inflacionario de los rendimientos finan­cieros

• Las indemnizaciones por seguro de daño

• Los ingresos por concepto de gananciales

• El valor de los terneros nacidos y enajenados dentro del mismo año

• Las indemnizaciones por destrucción o renovación de cultivos y por control de plagas

• Las donaciones para partidos, movimientos y campañas políticas

Como se verá a continuación los ingresos no constitutivos de renta, aunque son interesantes portadores de beneficios tributarios, no se sitúan en el nivel más alto o importante de incentivos fiscales, como si lo podrían estar las rentas exen­tas o los descuentos tributarios.

 

 

 

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