La utilidad contable de la empresa, como ya se explicó, se estima como la dife­rencia entre los ingresos obtenidos y los costos y gastos causados, durante un período de tiempo determinado. Podría pensarse, entonces, que éste saldo resi­dual es base para determinar los impuestos a cargo del ente económico, por concepto de utilidades.

Sin embargo, no siempre la utilidad contable es la misma renta líquida gravable. Existen algunos aspectos de carácter tributario que, eventualmente, pueden provocar diferencias entre los dos conceptos aquí analizadas. En efecto, el sistema fiscal vigente en el país contempla que el impuesto de renta se calcule con base en la renta líquida gravable, que es el valor monetario sobre el cuál se aplica la tarifa, para establecer el monto del tributo a pagar.

En consecuencia, la determinación de la renta líquida gravable es un proceso de depuración de la base, a partir de la utilidad contable y comercial estimada antes de la provisión para impuesto de renta y complementarios, en el que intervienen aspectos económicos, jurídicos y contables.

De acuerdo con la ley fiscal, la renta líquida es la misma renta gravable, sobre la cuál ha de aplicarse la tarifa vigente para determinar el impuesto, salvo las excepciones por ella misma establecidas. Dichas excepciones están confor­madas por los ingresos no constitutivos de renta, las rentas exentas, las de­ducciones fiscales, los costos y gastos no deducibles y los descuentos tributarios.

Además, la legislación tributaria contempla la posibilidad de estimar la base gravable por un sistema especial denominado "renta presuntiva", figura que parte del concepto económico de que la utilidad de un contri­buyente no puede ser inferior a un porcentaje prede­terminado de los activos brutos o netos. Ac­tualmente dicho porcentaje es del cuatro por ciento sobre el denominado patri­monio líquido (activos menos pasivos). El valor que resulte de la operación anterior se compara con la renta líquida gravable ordinaria, calculada previa depuración de las partidas conciliatorias que ya se mencionaron (ingresos no consti­tutivos de renta, deducciones fiscales y costos y gastos no deducibles). A su vez, al mayor valor resultante de estas dos cifras se le deducen las rentas exentas, para obtener la renta líquida gravable sobre la cual se aplica la tarifa vigente con el propósito de calcular el impuesto a cargo.

 

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