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LA IMPORTANCIA DE LA JUNTA DIRECTIVA

 

 

Introducción

 

Hoy por hoy, salvo las corporaciones multinacionales, las sociedades anónimas que por ley deben hacerlo y una que otra empresa local de gran tamaño, las organizaciones productivas y comerciales de nuestros países poco apoyan su gestión en la entidad gerencial denominada Junta o Consejo Directivo que, naturalmente, es diferente a la Junta de Socios o a la Asamblea de Accionistas, constituyéndose en un cuerpo intermedio entre los asociados y los ejecutivos de la empresa. En algunos casos, su existencia se encuentra prevista dentro de los estatutos del ente, especialmente cuando los asociados son numerosos, las actividades sociales se han diversificado o el patrimonio presenta cifras importantes. Sin embargo, la verdadera función de la Junta o Consejo Directivo parece no alcanzarse en toda su dimensión perdiéndose, de ésta manera, una gran oportunidad de consolidar cualquier negocio.

 

Funciones

 

La Junta directiva de una empresa cumple diferentes roles, pero todos ellos de mucha importancia para el buen desarrollo de sus actividades. Entre las funciones que más destacan se pueden citar las siguientes:

 

· Dirigir y coordinar esfuerzos para el adecuado cumplimiento del objeto social cuidando, en primer lugar, los intereses de los propietarios;

 

·    Determinar el curso de los negocios;

 

·    Velar por el acatamiento de las disposiciones legales y estatutarias;

 

·    Valorar el desempeño de las funciones que corresponden al representante legal o ejecutivo de más alto nivel;

 

·    Aplicar la regla del “buen juicio comercial”, es decir, desempeñar las funciones de consejero como si se tratase de sus asuntos personales, pero con la prudencia debida;

 

·    Aportar al consejo y a la dirección de la empresa una experiencia y un enfoque que, de otra manera, no se podrían obtener;

 

·    Presentar recomendaciones sobre nuevas oportunidades de negocios.

 

Además de las funciones de orden práctico y de desempeño los miembros de una Junta o Consejo directivo deben asumir una serie de responsabilidades y deberes, normalmente prescritos en las normas que regulan las actividades empresariales, entre los cuales cabe destacar: guardar y proteger la reserva comercial de la sociedad; abstenerse de utilizar indebidamente información privilegiada; abstenerse de participar en actividades que puedan considerarse competencia de la sociedad o en actos respecto de los cuales pueda existir conflicto de intereses y, en general, obrar de buena fe, con lealtad y con la diligencia esperada de un hombre de negocios honesto.

 

Características de los miembros

 

Se sugiere que los miembros de una Junta o Consejo directivo posean algunas características especiales que garanticen el logro de los objetivos de la organización. Además, empíricamente se ha demostrado que la activa participación de las mujeres en las Juntas directivas las ha dotado de cierta característica intuitiva que facilita la toma de decisiones y que conduce a mejores resultados y a unas más afortunada relaciones interpersonales entre el cuerpo de consejeros. En forma particular, las cualidades de manejo grupal deben situarse en torno a las siguientes definiciones:

 

Constructivismo: Desde el punto de vista de una actitud positiva. Un consejero constructivo es aquél que no sólo aporta sugerencias y recomendaciones, sino que también acepta aquellas provenientes de sus colegas de Junta, moldeándolas y adaptándolas cuando sea necesario.

 

 

Compatibilidad: Característica que no significa que no se presentarán divergencias o puntos de vista encontrados. La compatibilidad hace referencia a la afinidad de objetivos y a la facilidad de comunicación que debe existir cuando se trabaja en equipo.

 

Heterogeneidad: Para que las reuniones de Junta Directiva sean efectivas es recomendable que exista, en su composición, alguna diversidad en cuanto a experiencia, edad, profesión, sexo o trayectoria se refiere.

 

Pero, además de éstas tres características, los miembros de la Junta deben saber trabajar por resultados que es, en últimas, lo que se espera de ellos. Desde el punto de vista formal la tendencia ha sido, desde principios de la década de los años ochenta, conformar las Juntas con una alta proporción de miembros independientes, sin ninguna clase de vínculos familiares o de trabajo con la empresa o sus propietarios; aunque ello no obsta para que también se incluyan ejecutivos pertenecientes a la empresa o asociados en nombre propio o por intermedio de parientes. Una equilibrada mezcla entre los grupos anteriormente citados parece ser ideal pero, en todo caso, cada empresa en particular debe decidir al respecto.

 

En resumen una Junta Directiva ágil deben estar conformada por gente de adentro y de afuera, de ambos sexos, personas jóvenes y mayores (70 por ciento de personas de más de cuarenta años, parece ser un buen estándar) y de diferentes profesiones y oficios. El número de miembros de la Junta no puede ser tan grande que se torne interminable e inmanejable, pero tampoco tan reducido que se puedan perder oportunidades valiosas. Mantener entre cinco y diez miembros parece ser lo óptimo, dependiendo del tamaño de la empresa y de su capacidad económica.

 

Se recomienda, de otra parte, no ofrecer ser miembros de Junta Directiva a personas que cuenten con demasiado tiempo libre pues podrían involucrarse peligrosamente con la administración del ente. Tampoco a seres que sólo esperan que otros expresen sus opiniones para criticarles su posición, ni a quienes se creen estrellas en el mundo de los negocios o a aquellos que representan minorías con intereses especiales. Invite a su Junta únicamente a personas capaces y con las habilidades descritas en el presente artículo.

 

El Presidente del Consejo

 

Aunque parece elemental, en muchos casos no se prevé la elección de una persona que presida las reuniones de Junta, lo cuál conduce a que cualquiera de los miembros se apropie del derecho de tomar la última palabra sobre los asuntos tratados. Por tal motivo, se recomienda nombrar un presidente de Junta o Consejo que reúna las siguientes características:

 

Conocimiento de la empresa: Significa saber lo que la empresa puede hacer y lo que no, así como identificar su campo específico de acción y la posición que ocupa dentro del mercado que atiende.

 

Experiencia global: Suficiente bagaje y conocimiento del entorno económico y social en el cuál se mueve la organización para poder saber instintivamente si una iniciativa o recomendación de la Junta o de los administradores podrá ser aplicable o no.

 

Saber escuchar: Para canalizar las deliberaciones de los miembros de la Junta y conducirlas hacia debates serios y constructivos en la búsqueda de soluciones creativas a problemas y oportunidades de negocios.

 

Habilidad negociadora: Lo cuál incluye el aceptar compromisos cuando sea necesario o conveniente para la organización pero, también, establecer posiciones fuertes o a la defensiva cuando así se requiera.

 

Carácter: Para persistir en una decisión o un punto de vista a pesar de la resistencia que se pueda presentar, pero siempre y cuando se actúe con cordura y prudencia, aunque se corran algunos riesgos.

 

No siempre el mejor Presidente de una Junta Directiva es el asociado mayoritario o el ejecutivo de más alto nivel. Lo que realmente importa para presidir con éxito un Consejo Directivo es contar las capacidades de liderar, escuchar, aprender y atraer a otras personas para que presenten contribuciones positivas y valiosas.

 

Reglas para el Consejo o Junta

 

Antes que nada, se debe crear un mecanismo para elegir a los miembros de la Junta Directiva, el cuál puede consistir en el nombramiento de un comité especial para dicho fin. Tal comité no debe ser mayor de cinco miembros y deberán tener una visión perfectamente definida de lo que se espera de la Junta a ser elegida. También pueden ser elegidos directamente por el socio mayoritario o por el ejecutivo de más alto nivel, o por ambos, siempre y cuando se logre mantener el grado de independencia que se requiere para elegir a alguien que va a dirigir, en el largo plazo, los destinos de la empresa.

 

Aunque no es ni obligatorio ni estrictamente necesario, sí es conveniente elaborar y mantener una especie de reglamento para ser aplicado en las Juntas o Consejos directivos, el cuál debe abordar, por lo menos, los aspectos que se plantean a continuación.

 

Descripción de cargos: Tanto para los miembros del Consejo como para los diferentes comités que de él dependan;

 

Medición de rendimiento: Con el propósito de cuantificar y valorar la eficacia del Consejo y de sus comités;

 

Selección: Escoger con sano criterio a las personas que integrarán el Consejo;

 

Jerarquización: Definir claramente los asuntos que son competencia del Consejo y los que son de la administración;

 

Reuniones: Programar con regularidad las reuniones del Consejo o Junta, así como la duración de cada una de ellas;

 

Orden del día: Debe conservar el mayor grado de detalle posible en el orden del día para cada una de las reuniones programadas y remitirlo, con la debida anticipación, a cada uno de los miembros;

 

Aceptación: Tanto los propietarios como los administradores de la empresa deben aceptar que la Junta o Consejo Directivo determinan el curso de los negocios;

 

Remuneración: Si se quiere contar con consejeros de calidad se debe asignar una remuneración acorde, para asegurar una irrestricta colaboración cuando se llegase a necesitar;

 

Retiro: Es conveniente establecer una edad obligatoria de retiro, tanto para consejeros internos como externos así como un reglamento de reemplazo para cuando no se asista regularmente a las reuniones, por cualquier motivo.

 

Así mismo, parece conveniente llevar un registro que evidencie el acatamiento y cumplimiento de aspectos relacionados con la aplicación de un juicio comercial prudente, la no presentación de casos de negligencia ni de conflictos de interés y la asistencia regular a los consejos así como la participación activa en las deliberaciones, con precisión del reconocimiento de cada consejero sobre su responsabilidad para con la empresa y de presentar las recomendaciones más oportunas, en criterio de cada uno.

 

Ahora bien, la frecuencia de reuniones de los miembros de la Junta Directiva debería ser máximo de una vez al mes y cada cita no debería tardar más de 90 minutos o dos horas. Para lograr éste objetivo puede enviarse a cada uno de los integrantes de la Junta, con la antelación suficiente, el orden del día completo y detallado, con el objetivo de que ellos puedan llegar suficientemente preparados a la reunión.

 

Finalmente, de alguna manera debe asegurarse que los administradores y directivos de la empresa presenten información fidedigna y veraz a los miembros de la Junta Directiva sobre los aspectos financieros, de recursos humanos y planeación estratégica que se están implementando dentro del giro ordinario de los negocios pues, de otra manera, las decisiones de la Junta no podrán ser acertadas ni eficientes.

 

 

 

“...digo sencillamente al buen Dios lo que necesito, y Él siempre me comprende...” (Santa Teresita del niño Jesús)

 

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