INTRODUCCIÓN
El
balance general es la representación numérica de la situación financiera
de una persona natural o jurídica que ejerce actividades industriales,
comerciales o de servicios, en una fecha determinada y como resultado de
la ejecución sucesiva de operaciones y transacciones económicas llevadas a
cabo en el desarrollo del objeto social o actividad particular. En
consecuencia, el balance general incluye partidas que reflejan los saldos
acumulados de las cuentas de activo, pasivo, patrimonio y de orden.
Estas
últimas, es decir las cuentas de orden, no pertenecen en realidad al
balance general, pues su presentación se hace por fuera del cuerpo de
éste. Sin embargo, dada la importancia que han cobrado a partir de la
entrada en vigencia del sistema integral de ajustes por inflación para
propósitos fiscales y el poco conocimiento sobre su manejo y finalidad, se
incluye al final del presente capítulo un estudio sobre la naturaleza de
esta clase de cuentas y la normativa procedimental y contable que la debe
acompañar. No debe olvidarse que las diferencias entre los valores consignados
en la declaración de renta y los registros contables deben materializarse
en las respectivas cuentas de orden, a manera de conciliación.
De otra
parte, existen algunas clases de cuentas, esencialmente del activo, cuya
presentación exige que sean sumadas o restadas a otras. Tal es el caso de
la provisión para cuentas por cobrar de dudoso o difícil recaudo, especialmente
las relacionadas con la cartera comercial. O las provisiones para cubrir
pérdidas en los inventarios, debido a obsolescencia, faltantes o deterioros,
o a eventuales pérdidas en la venta de inversiones. Así mismo, las
depreciaciones de activos fijos y las amortizaciones de cargos diferidos,
son típicas partidas representativas de aquellas que se restan a otras.
Finalmente, se suman cuentas tales como valorización de inversiones en
valores mobiliarios o de bienes inmuebles, cuyo resultado no depende de las
operaciones llevadas a cabo por sus propietarios, sino del desempeño de la
economía.
En el
lado del pasivo y patrimonio, el valor de las acciones propias readquiridas
o acciones en tesorería se presenta neto, dentro del patrimonio total acumulado.
Y, en cuanto al pasivo, aunque más difíciles de encontrar, también puede
ocurrir que existan valores para sumar o restar a otros rubros o cuentas
del balance. En el ámbito internacional ésta clase de partidas son denominadas
bajo el nombre genérico de cuentas complementarias, en razón a que sus
saldos se derivan de otras cuentas, que son —en definitiva— quienes les dan
origen; es decir, no podrían existir por sí solas.
La
ecuación contable básica Activo = Pasivo + Patrimonio, conduce al repaso de
los conceptos de registro contable denominados DEBITO (DEBE) y CREDITO
(HABER) de cuyo correcto manejo depende, no sólo una adecuada contabilización
de las operaciones del ente económico, sino un mejor entendimiento y
lectura de los estados financieros que se desprenden de dichos registros.
Tales conceptos de registro se pueden resumir así:
1. En las cuentas del activo, el DEBITO se utiliza para registrar
el valor inicial de los aportes de capital y el de los aumentos
posteriores. El CREDITO se emplea, por el contrario, para registrar sus
disminuciones.
2. En las cuentas del pasivo, se utilizan los CREDITOS para
registrar el valor inicial de la financiación, tanto propia (capital) como
ajena (créditos y préstamos) y de sus aumentos. El DEBITO, en este caso,
sirve para las disminuciones.
3. Las cuentas de resultado, como su nombre lo indica, por ser
consecuencia de operaciones de diferente naturaleza pueden afectar contablemente
el activo o el pasivo, según se registren gastos o ingresos. En
consecuencia, el saldo final será deudor cuando los costos y gastos excedan
a los ingresos, caso en el cuál se hablará de pérdidas; o acreedor, cuando
ocurre lo contrario, es decir que los ingresos sean mayores que los costos
y gastos, configurándose así el concepto de utilidad.
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