13

EL ESTADO DE RESULTADOS

 

 

13. EL ESTADO DE RESULTADOS (II)

 

 

13.2 PRINCIPOS DE CONTABILIDAD

Tal y como ocurre con el balance general, la preparación del estado de resultados se rige por algunos de los principios de contabilidad enu­mera­dos en el primer capítulo de éste texto, especialmente por los de aso­ciación y realización.

Según el principio de asociación debe procurarse que exista una rela­ción directa entre los ingresos registrados en cada período y los costos y gastos incurridos para producirlos. De esta manera, al contabilizar ingresos por ventas, se debe hacer una adecuada asignación de los costos y gastos atribuibles a los activos y a los resultados del período contable, entendiéndose como costos los incurridos directa o indirectamente en la adquisición o producción de un bien y, como gastos, los relacionados con la administración, venta, investigación y financiación.

Por su parte, el principio de realización establece que el ingreso sólo debe ser reconocido cuando se realiza; es decir, cuando hay plena certe­za de que él se va a obtener, mediante el pago en efectivo o por cualquier otro medio equi­valente a un pago. Esto implica que, así no se haya perfeccionado la transferen­cia de la propiedad, el ingreso debe registrarse contablemente cuando los bienes se transfieran y se elabore una factura o documento de cobro equivalente. Puede ocurrir que cuando se per­fecciona la transacción aún no se sepa con certeza si se va a recibir el pago o no, bien porque los productos o servicios puedan ser devueltos o rechazados o porque el cliente, por incapacidad económica o cual­quier otra razón, no atienda la obligación adquirida. Sin embargo, al momento de acordar la venta se debe partir de la premisa de que la operación es lo sufi­cientemente segura como para que sea considerada como un ingreso realizado. El problema de la cobranza corresponde a otra fase del proceso administrativo de las empresas.

Este mismo principio conlleva a que el cálculo de las ganancias o pér­didas de una empresa se determine como el resultado neto de los cam­bios en la participación de los socios o accionistas y no necesariamente por las variaciones que ocurran en la cuenta de efectivo aunque, even­tualmente, dichas variaciones puedan coincidir. Por ejemplo, si se venden a crédito productos o mercancías por valor de $1.000 y su costo se esta­blece en $600, la compañía registrará una ganancia de $ 400, que es un aumento en la participación de los propietarios, a pesar de que, a la cuenta de caja o bancos, no haya ingresado ningún valor. De la misma manera, el patrimonio de los propietarios podría no verse afectado, a pesar de que haya un movimiento en las cuentas de caja o bancos; tal y como podría ocurrir con la adquisición de créditos en los cuales ingresaría el efectivo correspondiente y, simultáneamente, se registraría un pasivo y aunque el balance se mantiene, no habría utilidad alguna para los socios o accionistas.

Un problema similar a la diferencia entre ingresos y entradas de efec­tivo se presenta con los gastos y desembolsos de dinero. Los desembolsos son salidas de caja, en tanto que los gastos son disminuciones en la partici­pación de los socios o accionistas, que pueden ir acompañados o no de un desembolso en efectivo. Normalmente, un gasto se clasificará como tal cuando se establezca una relación directa con la renta producida en el período, haya sido efectivamente pagado o no, y se registrará como activo aquella parte que se espere genere beneficios en períodos futuros.

Otra regla básica, aunque no contemplada en los actuales principios de contabilidad generalmente acep­tados en Colombia, es la que tiene que ver con el concepto de uniformidad, la cual señala que, en la ela­bora­ción de los estados financieros deben seguirse, en el tiempo, los mismos procedimientos de cuanti­ficación y darse aplicación a idénticos principios y reglas, de un período a otro, con el propósito de poder conocer la evolución del ente económico mediante el análisis de sus estados financieros e identificar su posición relativa, a través de la com­paración con estados de otras empresas del sector o que desarrollen activi­dades similares. Por ello, cuando haya cambios que afecten la comparabilidad de la información, es necesario mencionarlo explícita­men­te en notas a los estados financieros, indicando el efecto que dicho cambio produce en los resultados de la empresa. Por ejemplo, las em­presas tienen la opción de emplear diferentes métodos de depreciación de activos fijos, como el de línea recta, reducción de saldos o unidades de producción, pudiendo adoptar cualquiera de ellos; pero deberá decirlo explícitamente si cambia de un método a otro, en razón al impacto sobre las utilidades que se pueden generar. Lo mismo ocurre con los métodos de valuación de inventarios, que pueden efectuarse bajo PEPS (primeras en entrar, primeras en salir), UEPS (últimas en entrar, primeras en salir), pro­medio ponderado o retail. En épocas de inflación, si no se registra conta­blemente el efecto de éste fenómeno económico, la elección de uno u otro método puede tener efectos importantes sobre el cálculo de la utilidad ya que, por ejemplo, PEPS parte del principio de que las mercan­cías vendidas costaron menos que las valuadas mediante UEPS y, en consecuencia, el inventario estaría valorizado a un precio superior.

 

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