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1.1 INTRODUCCIÓN
El
concepto de planeación como herramienta de gestión gerencial ha sido
definido, en términos generales, como el aprovechamiento racional de las
ventajas y oportunidades de negocios así como la fijación de políticas para
la protección ante eventualidades causadas por debilidades competitivas,
bien sea de un producto, de una marca, del negocio como tal o del sector
económico en el cuál se desenvuelve el ente que se ve abocado a formular
planes estratégicos para defender una posición, consolidar un liderazgo o,
simplemente para sobrevivir comercialmente.
También
abarca éste concepto el estudio y la fijación de políticas respecto a la
forma como el ente económico pretende financiar sus proyectos de
crecimiento, bien sea a nivel local o internacional, lo cual ubica la
actividad de planeación bajo un enfoque financiero: consecución de
recursos, negociación de tasas de interés, determinación de plazos, evaluación
de flujos de caja, capacidad de generación de recursos propios,
importación de divisas, proyección de tasas de cambio y comportamiento del
mercado externo de capitales y evolución de la economía, entre otros
temas.
De
otra parte, puede existir planeación comercial o de mercadeo, si el
énfasis se dirige a la apertura y consecución de mercados, al sostenimiento
de una cuota de participación, servicio y atención al cliente, al
desarrollo de productos o a la fijación de precios competitivos. Así mismo,
habrá planeación de producción cuando los esfuerzos se canalizan hacia
mejoras en las técnicas de producción, al reemplazo de maquinaria o
sustitución de equipos, a la sincronización de tiempos de fabricación o al
mejoramiento de la calidad.
Y
habrá, finalmente, formulación de planes administrativos cuando se plantean
programas de incentivos al recurso humano, capacitación del personal,
fijación de políticas de salarios, cobertura de seguros, locación,
selección de personal, clima organizacional.
Pero,
últimamente, ha surgido el concepto de planeación tributaria, que plantea,
en su filosofía, la optimización de los gravámenes que todo ente económico
debe aportar a la sociedad. Para ello, en primera instancia, se crearon
los departamentos de impuestos de las empresas, como una dependencia del
departamento de contabilidad o financiero y, posteriormente, asignando un
responsable directo, una de cuyas múltiples funciones es, precisamente, la
evaluación económica de las diferentes clases de tributos que recaen en
cabeza de la organización o de sus inversionistas y la consideración de
alternativas que faciliten una real optimización de dichas obligaciones.
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