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3.3 GENERACIÓN DE AHORRO Y DE RIQUEZA III
Bajo
éste enfoque, toda empresa que emplee activos fijos en su actividad
comercial, industrial o de servicios, al término de la vida útil de sus
propiedades, planta y equipo, debería contar con una reserva en efectivo,
equivalente al costo del respectivo bien. Lo cuál significa, ni más ni
menos, que la deducibilidad —tanto contable como fiscal— de la depreciación,
debe proporcionar los recursos suficientes para reponer el activo, apropiando,
de parte del estado, un porcentaje de dicho valor de reposición, medido
como el producto acumulado de la aplicación de la tarifa del impuesto
sobre la renta, vigente en cada año, a la alícuota de depreciación; y de
parte de los socios o accionistas el complemento. En éste ejemplo, dichas
proporciones fueron del 35 y del 65 por ciento, respectivamente.
Si se
separaran dichos recursos, provenientes de la deducibilidad del gasto por
concepto de depreciación de los demás recursos de operación, al finalizar
la vida del activo ésta empresa contará con un millón de pesos adicionales
para reponer el activo en cuestión y su capital social inicial permanecerá
intacto:
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Efectivo
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0
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Disponible para
reposición activo fijo
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1.000.000
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Activo fijo (neto)
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0
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TOTAL ACTIVO
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1.000.000
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Capital
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1.000.000
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Utilidades por
distribuir
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0
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|
TOTAL PATRIMONIO
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1.000.000
|
Y, si
además, el activo fijo posee algún valor de realización, entonces la
empresa contará con otros recursos adicionales, los cuales serán gravados
a la misma tarifa del impuesto sobre la renta aplicada a la utilidad
proveniente de actividades de operación.
Este
último balance presentado refleja claramente cómo la compañía
podrá perfectamente reponer la maquinaria que utiliza en la operación, sin
necesidad de incrementar su capital social, cosa que no hubiese ocurrido si
la depreciación no se considerara un gasto deducible, porque el valor del
activo en uso se hubiese entregado al estado, bajo la forma de impuestos y
a los accionistas o propietarios como dividendos o participaciones con lo
cuál —simplemente— se habría producido la devolución del capital aportado.
Pero,
normalmente, las empresas no separan los flujos provenientes de la
depreciación de sus otros recursos y, en consecuencia, el ahorro generado
por la deducibilidad de ésta clase de gastos puede estar distribuido en
toda la estructura de la compañía, como en cuentas por cobrar y en
inventarios, por ejemplo. Por ello, al término de la vida útil de alguna de
sus propiedades, planta y equipo, casi siempre se asegura —por parte de
los directivos de las empresas— que no existe dinero disponible para la
reposición de los activos fijos cuya vida útil concluye. Y, en realidad,
puede que no haya dinero en efectivo pero, también es cierto que siempre
habrá la posibilidad de recuperarlo a través de la efectivización de las
cuentas en las cuales se encuentra distribuida tal reserva oculta.
Precisamente por eso, a veces, se le denomina así: “reserva oculta” .
Por
su parte, la tasa de retorno sobre la inversión, es un análisis independiente
a la formación de ahorro interno que se está estudiando en el presente
capítulo y, por tal motivo, no se plantea aquí la mayor o menor rapidez,
en el tiempo, para su recuperación, la cuál se obtiene a través de la
acumulación de las utilidades distribuidas cada año, hasta llegar al monto
de la inversión o capital aportado. Esto puede ocurrir en pocos años o en
muchos, dependiendo de las expectativas de los poseedores del capital, del
sector económico al cual pertenece el ente, de su aceptación en el mercado
y de la estructura empresarial, entre otras cosas. Por lo tanto, la tasa de
retorno sobre la inversión no se calcula sobre los montos de ahorro interno
generado por la deducibilidad de la depreciación, sino sobre las
utilidades que se distribuyen periódicamente.
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