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8.1 INTRODUCCIÓN
Después
de muchos años de acudir, casi como única fuente de financiación, al
crédito bancario, las empresas colombianas "descubrieron" que los
bonos —convertibles o no en acciones— pueden ser fuente importante de
recursos frescos para capital de trabajo o para inversión y que cuentan,
entre otras cosas, con una característica muy importante: un costo financiero
que puede ser sensiblemente menor al que se reconoce a las líneas de
crédito tradicionales. Este auge de los bonos puede traer dos beneficios
económicos, de especial trascendencia en los actuales momentos, de poca
liquidez y restricciones en el crédito.
Por una
parte, los bancos y demás intermediarios financieros al entrar a competir
directamente con la emisión de bonos y papeles comerciales verán reducir
su mercado natural de operaciones; tendrán entonces, que mejorar su
eficiencia y las tasas de interés tenderán a la baja hasta igualarse con
el rendimiento ofrecido por los bonos que se emitan. Otra consecuencia
—imperceptible por ahora— es la potencial apertura del mercado de
capitales al grueso de la población ahorradora del país que, tradicionalmente,
ha estado alejada de estos menesteres. Como resultado de esta apertura,
las empresas podrán planificar mejor la situación del diferencial de
interés ganado, de tal manera que los dividendos a sus accionistas pueden
mejorarse elevando también la rentabilidad de este tipo de inversión, todo
con el objetivo de sustituir, en el futuro, la colocación de bonos por la
emisión de acciones como medio de financiación.
Es
claro que, por el momento, el grueso de los bonos emitidos se coloquen en
"paquetes" grandes, entre pocos inversionistas. Sin embargo, en
la medida en que se fomente institucionalmente el mecanismo, los ahorradores
pequeños podrán acudir masivamente a adquirirlos. Proveniente de la Superintendencia
Nacional de Valores reglamentó existe un reglamento para la colocación por
grandes paquetes, fijando como requisito previo a la circulación de los
bonos, la publicación de un prospecto con las características de los
papeles a emitir, para evaluar anticipadamente su aceptación y, de paso,
identificar los compradores, con el propósito de detectar posibles
concentraciones en pocas manos. Para infundir una mayor confianza en el
pequeño ahorrador, el estado también está otorgando concesiones a
profesionales especializados e independientes que sirven como calificadores
de los papeles que se emiten y de las empresas que los respaldan.
Emisión de bonos al 50 por ciento
Una
empresa puede financiar sus activos fijos —como ya se explicó— mediante
créditos externos o recursos propios, por la totalidad del costo del bien,
o también puede establecer una combinación de posibles fuentes de
financiación. Dentro de las modalidades de crédito externo, se ubica la
posibilidad de contratarlos comercialmente con entidades financieras o con
terceras personas, pero, además, dichos créditos externos pueden obtenerse
mediante emisión de deuda privada, contratada con inversionistas, lo que
—comúnmente— se realiza a través de operaciones de emisión de bonos o títulos empresariales.
Para la
demostración del efecto económico y tributario de las deducciones
aceptadas fiscalmente, se iniciará con el análisis de una emisión de bonos
equivalentes al 50 por ciento del valor del activo, es decir, la suma de
500 mil pesos, suponiendo que el otro 50 por ciento continuará financiado
mediante un crédito externo, a la misma tasa y en las mismas condiciones
empleadas hasta el momento, lo cuál significa un interés anual del 32 por
ciento y una única cuota de amortización al finalizar el décimo año de
posesión del activo.
Sin
embargo, por tratarse de bonos obligatoriamente convertibles en acciones,
también debe suponerse que, a partir del sexto año, se emitirá capital
social, con el propósito de cancelar los pasivos originados en la colocación
de éstos títulos en el mercado. En consecuencia, debe definirse una tasa
de interés que devengarán los inversionistas durante los cinco años de
maduración de los boceas, la cuál —para éste ejemplo— se ha fijado en un 36
por ciento, ligeramente superior a la tasa del crédito ordinario, porque
sólo un 22 por ciento se pagará efectivamente y un 14 por ciento se
capitalizará —de manera simple— también durante los cinco años.
Por lo
tanto, los inversionistas recibirán en acciones el equivalente a 850 mil
pesos, en acciones, provenientes de 500 mil de la inversión en bonos y de
350 mil de los intereses acumulados durante los cinco años, a razón de 70
mil pesos por período.
La formación de ahorro total se analizará empleando
los métodos de raíz enésima y modificado de depreciación decreciente, para
propósitos fiscales, y el de línea recta para los registros contables, que
es el método que, además, se utiliza para la comparación de resultados, a
lo largo de éste texto.
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