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Este estado financiero presenta
en forma detallada y sistemática la forma en que los diferentes
componentes del capital de trabajo sufrieron modificaciones, con el
propósito de obtener información acerca de cómo se está financiando la
empresa.
Por ello, si las fuentes de
recursos provienen en un alto porcentaje de la operación de la empresa, se
considera una situación favorable, pues coadyuvará a no tener necesidad de
recurrir a endeudamiento de largo plazo.
De otra parte, pragmáticamente,
un capital de trabajo excesivo estará señalando una inmovilización de
recursos que bien podrían destinarse a actividades más rentables o
productivas; en otras palabras, puede significar ineficiencia en el
manejo de los recursos líquidos de la empresa, con mayor razón si dicho
exceso se revela principalmente en las cuentas del disponible, que están
expuestas al impacto de la inflación, aunque también puede ser grave en
volúmenes grandes de inventarios o cuentas por cobrar; es decir, sobre los
activos realizables.
Este exceso de capital de trabajo
se reflejará en la cuenta de corrección monetaria por ajustes por
inflación; si su saldo es débito, seguramente la explicación se encontrará
en los altos valores acumulados de las cuentas de efectivo, inversiones
temporales o cuentas por cobrar (todas ellas de naturaleza monetaria,
susceptibles de perder poder adquisitivo con la presencia de la inflación).
Un capital de trabajo negativo o
que tienda a cero señala la posibilidad de que la empresa deba recurrir a
fondos adicionales para poder seguir operando normalmente. En
consecuencia, es de suma importancia mantener el control de las
variaciones de cada una de las cuentas que conforman el capital de
trabajo, con el fin de que él se mantenga estrictamente dentro de las
previsiones normales requeridas por la actividad desarrollada por el ente
económico.
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