6.2
RAZÓN CORRIENTE
Este indicador mide las
disponibilidades actuales de la empresa para atender las obligaciones
existentes en la fecha de emisión de los estados financieros que se están
analizando. Por sí sólo no refleja, pues, la capacidad que se tiene para
atender obligaciones futuras, ya que ello depende también de la calidad y
naturaleza de los activos y pasivos corrientes, así como de su tasa de
rotación.
Activo Corriente / Pasivo Corriente
HISTÓRICO
|
AJUSTADO
|
|
2.0X1
|
2.0X2
|
2.0X1
|
2.0X2
|
|
1.058.535
667.445
|
1.639.870
1.586.299
|
1.058.703
667.445
|
1.639.969
1.586.298
|
|
1.59
|
1.03
|
1.59
|
1.03
|
En este caso, la actualización de
los inventarios (importante componente de los activos corrientes) a precios
actuales no está influyendo notablemente en el comportamiento del indicador,
hecho que puede señalar una buena rotación de inventarios. Si los
inventarios fuesen muy antiguos, entonces el indicador tendería a ser
mayor después de aplicar el sistema integral de ajustes por inflación,
aunque no necesariamente esto indique una mejor posibilidad para atender
las obligaciones a corto plazo, pues pueden existir inventarios obsoletos
cuya realización en el mercado no sea fácil de llevar a cabo.
La interpretación de esta razón
financiera debe realizarse conjuntamente con otros resultados de comportamiento,
tales como los índices de rotación y prueba ácida, aunque todo parece
indicar que las razones estimadas sobre valores históricos, pueden señalar
más eficientemente la situación de las empresas, en el corto plazo, frente
a sus obligaciones.
El indicador de razón corriente
presenta alguna clase de limitaciones en la interpretación de sus
resultados, siendo la principal de ellas el hecho de que ésta razón se mide
de manera estática, en un momento dado de tiempo y, en consecuencia, no se
puede asegurar que hacia el futuro los recursos que se encontraban
disponibles continúen estándolo. Además, al descomponer los diversos factores
de la razón corriente se encuentran serios argumentos sobre la
razonabilidad de su función. Por ejemplo, los saldos de efectivo o los
valores depositados en inversiones temporales representan sólo un margen
de seguridad ante eventuales situaciones atípicas de negocios y, por ningún
motivo, reservas para el pago de operaciones corrientes de la empresa; pues
suponer lo contrario sería como descartar el principio de continuidad y
pensar que la compañía va a ser liquidada en un futuro cercano.
De la misma manera, las cuentas
por cobrar y el inventario son cuentas de movimiento permanente y en razón
a ello, no es nada seguro suponer que un saldo alto deba permanecer así,
especialmente en el momento en que se requiera para atender las
obligaciones corrientes. Las dos variables están estrechamente
interrelacionadas con conceptos tales como nivel de ventas o margen de
utilidades siendo, en realidad, éstos conceptos los verdaderos parámetros
en la determinación de las entradas futuras de efectivo.
Lo anterior se puede resumir
afirmando que la liquidez de una empresa depende más de los flujos futuros
esperados de efectivo que de los saldos, de la misma naturaleza,
registrados en la contabilidad en el momento del análisis. Además, la
eficiencia en la rotación de las cuentas por cobrar e inventarios, pretende
alcanzar la máxima rentabilidad en el uso de los activos y no
necesariamente obtener mayor liquidez.
Otra limitación de la razón
corriente es que su resultado puede ser manipulado fácilmente con el fin
de obtener cifras que se requieren para algún propósito especial. Por
ejemplo, el último día del año podría cancelarse un pasivo importante y
volverse a tomar el primer día del ejercicio siguiente, con lo cuál la
razón mejora al disminuir simultáneamente, tanto el activo (de cuyos
fondos se toman los recursos) como el pasivo corriente. También se pueden
dejar de contabilizar, en forma premeditada, partidas significativas que
tengan que ver con inventarios en tránsito; al no registrar ni el activo ni
el pasivo, la razón corriente mejora. Así mismo, se podría aplazar la
decisión de efectuar nuevas compras, dada la proximidad del cierre
contable, logrando reducir tanto el activo como el pasivo corriente, pero
incrementando el indicador.
Existen unos estándares sobre
este indicador que, algunas veces, se toman automáticamente como parámetros
de medición, cuando en realidad cada caso particular debe ser evaluado en
sus propias dimensiones. Es así como se afirma que una relación 2:1, es
decir poseer activos corrientes que dupliquen las obligaciones de corto
plazo, es ideal; sin embargo, pueden existir situaciones en las cuales
hayan niveles mínimos de inventarios y óptima rotación de cuentas por
cobrar, con lo cuál habrá liquidez suficiente para atender los pasivos
corrientes, aunque el indicador no parezca ser el mejor.
De otra parte, podría pensarse
que entre más alta sea la razón corriente, será mejor la gestión
financiera de recursos. Pero, si se mira objetivamente este caso, un indicador
muy alto aunque sea estimulante para proveedores y entidades financieras,
porque prácticamente asegura el retorno de las acreencias, es también señal
de una mala administración del efectivo y de un exceso en la inversión
propia, proveniente de socios y accionistas, quienes verán afectada la tasa
de rendimiento asociada a dicha inversión.
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